Ambiente periglacial


Se puede decir que lo primero que se interpreta, a partir de una análisis etimológico, es que el término periglacial significa: “alrededor o en cercanía de un glaciar o de procesos glaciarios” (peri = alrededor, cerca de, y  glacial = adjetivo, relacionado a la presencia de o la acción de los glaciares). Aunque sin dudas éste es un análisis válido, como pasa con otros términos científicos, realizar sólo esta interpretación es incorrecto ya que muy comúnmente los términos van evolucionado, enriqueciéndose o cambiando el significado central invocando nuevas ideas pero manteniendo raíces originales. Éste es el caso de la palabra “periglacial”, cuyo significado fue cambiando a lo largo de los años. En 1909, cuando se acuñó este término, “ambiente periglacial” estaba relacionado con el paisaje y el clima en los alrededores del manto de hielo escandinavo, que cubrió gran parte del norte de Europa durante el Pleistoceno.

Hoy en día, existen diferentes criterios, algunos más arbitrarios, otros más cuantitativos, para definir lo que llamamos “ambiente periglacial”. La elección de estos criterios depende en general de los datos disponibles y del objetivo que se persigue. Por ejemplo, no es lo mismo definir un ambiente a escala local (un par de kilómetros) que a una escala regional (decenas a cientos de kilómetros) donde ya se habla de paisaje y no de ambiente.

El ambiente periglacial en la Cordillera de los Andes

El ambiente periglacial a escala regional en la Cordillera de los Andes, se desarrolla en la alta montaña, asociado principalmente al efecto que tiene la topografía, de esta inmensa masa montañosa, sobre la temperatura, radiación solar y circulación de las masas de aire, a escala global. En forma general el ambiente periglacial se puede definir como un ambiente de clima frío, no glaciario, el cual se encuentra por encima del límite del bosque, si es que éste existe, y que está caracterizado por:

  • Ocurrencia de suelo congelado permanente o permafrost.
  • Dominio de los ciclos de congelamiento y descongelamiento que afectan a las rocas y a la parte superior del suelo, y de procesos periglaciales formadores de crioformas.

Si bien para algunos autores del Hemisferio Norte el permafrost no representa un elemento sine qua non del ambiente periglacial, sí lo es para los geocriólogos que trabajan en la Cordillera de los Andes, y por ello debe mencionarse y especificarse claramente.

Desde la unidad de Geocriología del Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales (IANIGLA) se sostiene que en la Cordillera de los Andes, el ambiente periglacial tiene que contener suelos congelados permanentes de montaña, ya que, si bien existen zonas “periglaciales” donde se desarrollan procesos asociados al congelamiento y descongelamiento diario o estacional, éstos no modifican de gran manera el paisaje, como sí se observa en las áreas en donde existe o existieron suelos congelados permanentes.

Por lo tanto, el ambiente periglacial en los Andes está definido no sólo por un clima frío bajo cero, sino también por procesos y características geomorfológicas, como son la presencia de suelos congelados permanentes y la acción intensa de los ciclos de congelamiento y descongelamiento.




Suelos congelados permanentes o permafrost de montaña

El permafrost es una zona de la corteza terrestre que permanece a temperaturas por debajo de los 0°C por dos años consecutivos o más, tenga o no hielo. Para que se genere un suelo congelado permanente en general es necesario que la temperatura media anual del aire sea negativa, aunque a veces la influencia de la sombra y una gruesa cobertura de detritos y bloques puede promover la generación de permafrost. Como regla general cuanto menor es la temperatura del aire, mayor es el espesor de permafrost, más continuo es en forma horizontal y más cerca de la superficie se encuentra.

Suelos congelados permanentes se encuentran en muchos lugares de la Tierra, asociados a altas altitudes, como es el caso de los Andes, pero también a altas latitudes, como en la Antártida. Por ejemplo, en los Andes se han detectado espesores de suelos congelados mayores de 50 metros.

Es importante señalar que la combinación entre temperaturas bajo cero y la presencia de agua o hielo, es lo que hace diferente al permafrost de las zonas que no contienen suelos congelados permanentes. Una de las características más importantes del permafrost es la posibilidad que tienen los suelos congelados permanentes de funcionar como una reserva de agua sólida. A medida que un suelo congelado permanente se desarrolla, va captando agua la cual se transforma en hielo y se almacena. Durante el verano, parte de esta agua es liberada, sobre todo de la capa activa, la capa que cubre al permafrost.




Glaciares de escombros, glaciares rocosos, litoglaciar, rockglacier

En sitios donde existe una pendiente moderada y un aporte de detritos y nieve/hielo suficientes, el suelo congelado permanente de montaña comienza a moverse, generando lo que conocemos como “glaciar de escombros”. Es importante destacar que para que un glaciar de escombros se forme es necesaria la presencia de suelos congelados permanentes. Los glaciares de escombros conforman protuberancias en forma de lengua, que parten de los laterales del valle o, en algunas ocasiones, de las morenas terminales de algunos glaciares blancos, y se asemejan en una vista en planta a una colada de lava.

Los Andes Centrales de Argentina y Chile son comúnmente citados como uno de los lugares en el planeta donde mejor desarrollo y mayor tamaño alcanzan estas geoformas.

Justamente el hecho de estar sobresaturado en hielo es lo que permite al permafrost moverse pendiente abajo. Por ello se dice que los glaciares de escombros son la expresión superficial del permafrost rico en hielo, y representan reservas hídricas importantes. Por ejemplo, en algunos lugares de los Andes Centrales donde las precipitaciones son escasas como para formar glaciares “convencionales”, los glaciares de escombros son la única reserva disponible y por lo tanto es vital su protección.




Acción de los ciclos de congelamiento y descongelamiento (frost action)

Estos ciclos son conocidos como la alternancia entre congelamiento y descongelamiento de la humedad o agua en el suelo, roca u otro material, asociados a las variaciones de temperaturas positivas y negativas. Estas variaciones pueden ser estacionales (verano/invierno), anuales (como en algunas regiones del mundo), diarias o de horas de duración (en condiciones de laboratorio).

La frecuencia de los ciclos controla la efectividad de la acción de congelamiento en los diferentes procesos, como por ejemplo, selección del material, fatiga, etc., conceptos que son de mucha utilidad en la ingeniería civil de ambientes fríos. Sin embargo, el dato puramente climático de cuántas veces la temperatura del aire pasa a través del punto de fusión (0°C), no es una medida adecuada de su efectividad.

La temperatura, la duración de la misma, las rápidas atenuaciones con la profundidad, el efecto de insolación de la vegetación y la nieve, y el tipo de material en cuestión, son factores a tener en cuenta a la hora de evaluar la frecuencia y efectividad de los ciclos de congelamiento y descongelamiento.

Un ciclo de congelamiento y descongelamiento experimental en laboratorio de entre 20ºC y -5ºC, con condiciones de saturación de agua, fue utilizado por Darío Trombotto en su tesis doctoral (1988) para demostrar procesos criogénicos en el Cordón del Plata, Mendoza, Argentina.